Empatía

Cuando uno sale a la calle  y  visita algún sitio -en este caso un restaurante- con un niño que posee una condición especial, siempre se anda con el corazón en vilo. Puede ser que se esté portando bien, pero basta tan solo un pequeño estímulo para que empiece la pesadilla.

En este caso el comportamiento de David en el restaurante que visitamos fue ejemplar, pero de todas maneras quiero agradecer al personal de Mutfak BBQ, que habiéndose percatado de la condición de mi hijo, hicieron todo lo posible para que su estancia fuera lo mejor posible.

Ultimamente David carga una mochila llena de sus coches preferidos y a donde vamos los saca par ponerse a jugar. Esta vez tenía casi una veintena de cochecitos que estaba colocando encima de la mesa, que aunque era grande, empezaba a ser insuficiente para contener tanto juguete. Debido a eso y a que sus coches deben estar en formación y no se pueden mover de donde están, buscó como solución poner a rodar en el suelo los coches con los que quería jugar. Evidentemente que en el suelo obstaculizaba de cierto modo el paso de la gente y cuando le dijimos que tenía que quedarse sentado en la mesa, empezó a alterarse un poco.

cofLa encargada del local al ver como se estaba poniendo David se puso a hablar con él y de propuso juntar dos mesas para que tuviera espacio de sobra para tener sus coches en formación y de paso poder rodarlos sin tener que ir al piso. David le respondió que si con una sonrisa y hasta la ayudo a juntar las mesas, luego  nos sirvieron la comida mientras que él entre que comía y jugaba, llamaba a la encargada para hablar con ella  y mostrarle toda su colección de coches.

Es difícil encontrar gente fuera de la familia y IMG_9128amigos que sea empática con tu hijo teniendo una condición especial. La mayoría de las veces si uno está en un local y por muy leve que sea un episodio de crisis, la gente empezará a mirar mal y si son los encargados del sitio las malas caras son aún peor. La primera acusación es que el niño monta el berrinche por malcriado, que los padres no saben ponerle carácter, –yo en su lugar le daría dos buenas nalgadas– susurran algunos.

Lo cierto es muy  pocas personas son capaces de percatarse de que ese berrinche no es tal cosa, que es más bien una crisis provocada por algo y que ese niño no es como el resto de los otros niños, capaces de quedarse sentados tranquilos mientras comen. Nuevamente doy las gracias a la encargada Valerie por su paciencia y de paso felicitarlos por la sabrosa comida, sin duda volveremos.

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Bendita tecnología

Debo reconocer que nunca me  ha gustado la fulana aplicación de estos gatos que hablan y repiten todo lo que uno les dice.  Cuantas veces me volví casi loco escuchando esa vocecita chillona hablando, gritando, riendo a la par de David, en la casa, en el Mcdonald, etc….

Ya hace un tiempo que no le hace tanto caso a My Talking Tom, ahora es más de ver cosas relacionadas con animales o a los superhéroes, pero siempre un par de veces a la semana  visita la aplicación gatuna.

ComiendoLa cosa es que David es muy hiperactivo y cuando es la hora de que coma, es todo un proceso ya que no se queda sentado por más de un minuto o por lo menos tranquilo en su asiento mientras come. Primero debe comer él  y luego nosotros ya que la típica imagen de los tres sentados a la mesa es impensable, al  menos por los momentos. Pero el otro día vemos que David agarra una mesa pequeña que hay en la sala, acomoda su tablet,  busca una silla de playa para sentarse y nos pide que le sirvamos leche con cereales.

Mi esposa y yo nos quedamos viendo las caras ya que a él no le agrada mucho la leche, de manera que le preguntamos si en verdad la quería, a lo que respondió que sí. Le servimos sus cereales con leche y en lo que tuvo el plato en la mesa, prende la tablet, entra en la aplicación del gato y se dirige a un apartado donde el gato le pide que coma con él un plato de cereales con leche.

Asi pues David se instala a comer junto al felino virtual sus cereales, él solo, sin ayuda y sin moverse de la silla hasta que  se termina todo, es más; en una ocasión hasta pidió repetir. Asi pues una aplicación ha logrado lo que a nosotros nos cuesta un mundo, que coma sentado y tranquilo, por lo menos su leche con cereales; mientras tanto esperamos a ver si la gata le da por comer ensalada y frutas y obra el milagro 🙂

 

 

Volvió la risperidona, pero con condiciones

David estuvo tres días sin tomar la risperidona y al tercer día ya la situación era complicada, su hiperactividad estaba muy elevada y nosotros muy estresados. Por casualidad vimos en un grupo de Facebook  sobre niños TEA al que pertenecemos donde una mamá le daba a su hijo cada tres días el medicamento y que le resultaba mejor que dárselo a diario.

Viendo que ya David tenía los tres días sin tomar la risperidona, decidimos darsela el cuarto día en la mañana y sólo la dosis que le tocaba a esa hora , es decir sólo tomo un  30% del total que tomaba durante todo el día. El efecto fue casi de inmediato, al rato de tomarla, a pesar de haber dormido sus ocho horas, volvió a dormir un poco más y cuando se despertó paso todo el día tranquilo y calmado.

 

Por otro lado  pronto tendríamos un viaje de muchas horas en avión, así que decidimos no volver a dársela hasta el dia del trayecto  ya en el avión,  donde estaríamos volando por diez horas. Estuvo otros tres días sin tomarla hasta el momento del viaje y ya en el avión, se la suministramos al poco rato de despegar.

Al poco tiempo se puso a dormir y salvo una que otra vez que se despertó por cinco minutos, durmió prácticamente las diez horas del vuelo, eso si, ayudados a que estaba despierto desde la 4 de la madrugada y el vuelo final fua a las 12 del mediodía.

Seguiremos experimentando la rutina de darle el 30% de la risperidona cada tres días. Al momento de escribir este artículo David lleva ya un día sin tomarla ya que dentro de dos días regresam9s a casa con otro vuelo de diez horas, ya les contaremos como nos fue .